CARRERA PENCONA, LA
MÁS DURA.
18 de mayo; tocaba madrugón
antológico, a las 4:10 ya estaba fuera de la cama desayunando y a las 5h partía
hacía Aldeanueva de la Vera
para disputar la susodicha carrera.
Sobre las 7:00 llegamos a la
población Verata, recogida de dorsales y otros menesteres típicos. Algo de
comer y ropaje para combatir el frío, entorno a 12ºc.
Tras cumplir los rituales típicos,
algo de calentamiento, chascarrillos en la línea de salida, control de dorsales
y pistoletazo de salida.
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| Perfil de la prueba |
Las primeras zancadas discurren
por la localidad Verata con la tranquilidad del corredor de montaña que sabe
que hay que comenzar como un “viejito”. El plan para hoy era salir en “modo”
ultra, como un ensayo general al primero de los circuitos de La
Ruta Vetona, Los 100 de Béjar http://rutavetona.blogspot.com.es/, pues el
perfil se parece bastante, aunque este último sea algo más suave. Para más
tarde en la bajada final castigar los cuadriceps y ver que tal responden.
No pasamos mucho tiempo
callejeando, pronto nos encontramos saliendo de la población surcando los
huertos y olivares mas cercanos a la población. El camino de cemento va ganado
desnivel junto a la Garganta
del arroyo del Mozo. Sigo con mi plan, de hecho voy en la cola del pelotón
aunque he ido ganando posiciones.
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| Recorrido de la prueba. |
Pronto nos encontramos con el
bosque de robles salpicado de helechos, dominante en la zona. En el kilómetro 5
toca avituallamiento y para técnica. Reanudo la marcha, y vuelvo a pasar a los
mismos que había pasado anteriormente. El camino, ya de tierra, cada vez es más
inclinado pero aun se puede correr. Kilómetro 10, segundo avituallamiento, el
recuperado todas las posiciones perdidas. Bebo algo rápido y plátano, gominolas
y ha seguir.
Aquí se acaba lo “corrible”, y
pasamos al modo “treparriscos”, ya no se corre, se anda y se trepa como se
puede, la amplitud de zancada se alarga para poder salvar los riscos y los
numerosos pasos de agua que nutren las gargantas y seguir ascendiendo. El desnivel es brutal,
pero aun estamos frescos, solo son los primeros lances “treparrisquiles” y nos
vamos a “jartar”.
Discurrimos paralelos a línea de
cota de cima, la vegetación arbórea ha desaparecido para dejar paso al pasto
común de las zonas altas de montaña pero no hay cabezas de ganado pastando. Las
piedras comienzan a brotar a la par que los piornos ganan terreno al pasto. A
ratos se puede correr pero lo normal es andar y andar, surcar pasos de agua,
sortear piedras y la inmensidad paisajística sin poder disfrutarla, los ojos
deben estar clavados en el suelo, analizando y memorizando cada piedra, cada
obstáculo.
Así llegamos a La Panera (1.780m), kilómetro
13 y casi 2H. Avituallamiento tranquilo, algo de resuello y lanzados al
descenso. Primero llaneamos un poco por el Canchal Alto, mismo paisaje;
piornos, piedras….el descenso se convierte en peligroso, el desnivel, las
piedras, la velocidad, sortear a los compañeros, la vegetación, los tobillos
que de vez en cuando te dan un aviso……tropiezo, voy de boca, la suerte quiere
que la presencia de piorno no solo me frene sino que casi me hace rebotar.
Acabo de librarme de un ostión de campeonato. Con el susto en el cuerpo,
aumento las precauciones dentro de lo posible, la velocidad y la orografía
hacen casi imposible que te puedas preparar para salvar los obstáculos. El
descenso es rápido, surcamos numeroso pasos de agua y no puedo evitar la
tentación de pasar justo por el medio. Un pequeño error que luego tendría que
subsanar, pues propicie que las zapatillas se llenaran de gravilla y pronto
empecé a notar lo molesto que es que se claven esas pequeñas piedras en los
pies.
Barrera del Cerval, El Cabezo….el
desnivel se suaviza y los pies me están matando. Navarredonda, fin del
descenso. Toca sacar toda la gravilla y saneamiento de pies. Tras el proceso
avituallamiento rápido y de nuevo a subir.
La pista llega hasta La Casa del Guarda, a partir de
aquí ya no hay sendero, ya no se puede correr y ha que surcar numerosos pasos
de agua que nutren las gargantas. De nuevo los piornos, piedras, piedras y
piedras. De nuevo la amplitud de zancada se hace grande. Así, paso a paso,
llegamos al paraje de Las Yeguas, parte central de la
Sierra de Tormantos. Estamos terminando el ascenso, quiero
correr y corro, voy directo al Collado de Las Yeguas (Puerto de Las Yeguas,
1475m). Este punto mítico del La
Ruta de Carlos V, es final de un largo ascenso y el inicio
del fin. Avituallamiento rápido, como no, y a correr.
Los primeros metros del descenso
son algo confusos, me despisto y cojo el camino que lleva a Jarandilla de la Vera; parada, visualización
de las marcas, hago un “por aquí mismo” y enlazo con el camino bueno. Puff,
esto es peligrosísimo; el camino acaba de ser limpiado, hay tocones, piedras
sueltas y tierra que cubren las piedras del camino. Es encomiable, gracias a
esta prueba se esta recuperando este camino que comunica Aldeanueva de la Vera con el Collado de Las
Yeguas, la naturaleza se lo había comido casi por completo.
Las piernas no van bien, van de
lujo. Voy dando gas, voy pasando a otros corredores. Más gas. El descenso es
precioso, es sinuoso, rápido, peligroso….gas, gas, gas. No dejo de pasar
corredores, el subidón es total. Estoy llevando a la práctica lo que había
planeado desde el principio. Pasamos varias veces por las mismas gargantas.
Casa de Las Colmenillas. Voy disfrutando a tope. Veo el próximo
avituallamiento, dejo de mirar el suelo una ínfima cantidad de
tiempo…..aterrizaje forzoso. Me deslizo por la tierra. Evaluación de daños es
rápida, un raspón en la rodilla izquierda y polvo a espuertas. Aprovecho el
avituallamiento para limpiar la herida y salgo zumbando.
Toca un pequeño repecho que de
nuevo hago andando, no llega ni al kilómetro. Algo de llaneo, mas corredores a
la vista. Aprieto el paso. Casi me salgo de la pista, evito a tiempo otra caída,
y vuelvo a dar gas, gas gas….no tardo en pasarlos, tras estos vendrán otros
más. Más gas. Estoy acabando de ensueño.
Tras el llaneo y bajada y de
nuevo llaneo, llego al último avituallamiento, kilómetro 27, quedan 5 kilómetros. Tan bien
rápido, bebo algo, ya no como nada. Y gas!!!
De nuevo el camino se hace sinuoso, empedrado en su mayoría. Algunos
giros casi ni se ven y estoy a punto de hacer un “recto” y comerme al fotógrafo.
Último kilómetro. Parece que no llega el momento de cruzar la meta, pues no se
ve el pueblo por ningún lado, claro que cualquiera levanta la vista del camino.
Último traspiés casi a las
puertas del pueblo, sin consecuencias. Se oye el griterío de la gente, al
speaker. Azuzado por las emociones entro en meta sprintando. Que maravilla de
carrera. Que dureza. Sin duda, la carrera más dura que he corrido hasta ahora,
es brutalmente técnica.
32 kilómetros, D+ 2.000 m y 4H 37M
Las viandas al llegar a meta
espectacular; limonada casera a demanda y sin fin, cerezas y una bolsa del
corredor muy completa.






